A fines del año pasado, el tecnólogo Rodrigo Álvarez, especialista santafesino en ciberseguridad, advirtió sobre el peligro que implicaba la ramificación de oscuros grupos de gente perversa que opera en la Internet profunda (“deep web”).
El tecnólogo Rodrigo Álvarez había alertado en El Litoral sobre la existencia de este tipo de grupos de extrema violencia. El trágico tiroteo en la Escuela Mariano Moreno expuso el poder de penetración que tienen estas siniestras redes internacionales que actúan en la “deep web”.

A fines del año pasado, el tecnólogo Rodrigo Álvarez, especialista santafesino en ciberseguridad, advirtió sobre el peligro que implicaba la ramificación de oscuros grupos de gente perversa que opera en la Internet profunda (“deep web”).
Concretamente hablaba del “Grupo 764”, que capta jóvenes en estado de vulnerabilidad para someterlos a sus más bajos instintos sexuales, incitarlos a autolesionarse e inclusive al suicidio.
Con el sangriento ataque en la escuela de San Cristóbal, la sociedad descubrió la existencia de True Crime Community (algo así como verdadera comunidad criminal), la cual era integrada por el menor de edad que efectuó los disparos que terminaron con la vida del pequeño Ian Cabrera.
En una nota publicada en El Litoral el pasado 1° de diciembre, Álvarez señalaba: “Estos tipos tienen técnicas para ‘trabajar’. No obstante, según reportes de Interpol y el FBI, actúan de manera independiente. Muchos son imitadores que buscan ser admitidos dentro de esa comunidad. Se piensa que las recientes amenazas de masacres en universidades de La Plata y 3 de Febrero, en nuestro país, tienen que ver con algún miembro de estos grupos o alguien que cumple con un reto para que lo admitan en la comunidad”.
Y añadía: “El viernes 7 de noviembre, un e-mail similar llegó a la Universidad Católica Argentina, en Puerto Madero, y obligó al establecimiento a evacuar sus sedes en Mendoza, tal como lo señalaron en un comunicado publicado en redes sociales. Se repitió el lunes 10, en esa provincia, en Rosario y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”.
“Hasta ahora -añade- los países más afectados son, además de Estados Unidos, México, algunos de centroamérica, Europa… pero estamos globalizados. No existen las fronteras en Internet. Cualquier chico puede ser víctima. Esta gente está atenta para a todo comentario de odio, de descontento con la vida, un gobierno o una figura pública”, alertaba, de manera premonitoria.
“True Crime Community (TCC) es, en el sentido amplio, una comunidad de usuarios interesados en casos de crímenes reales. Homicidios, desapariciones, sectas, abusos… siempre episodios relacionados con la violencia. Van buscando distintos medios, coberturas mediáticas. Los postean en Discord, una de las plataformas que más utilizan… información sobre víctimas, autores, contextos”, explica ahora Álvarez, que es magíster en Ciberseguridad, director de Ciberterrorismo del Centro Nacional de Respuesta a Incidentes Cibernéticos de México y coordinador de la ONG Argentina Cibersegura.
Aparentemente, la tenebrosa comunidad se formó en 1999, luego de lo que se conoció como “Masacre de Columbine”. El 20 de abril de ese año, dos estudiantes del último año fueron a su escuela de Estados Unidos, en Colorado, con armas de fuego automáticas y mataron a 12 alumnos y un profesor. También hirieron a otros 21 estudiantes antes de quitarse la vida.
“TCC empieza a glorificar este tipo de actos. Hoy se manejan fundamentalmente por plataformas como Discord, donde pueden proteger mejor la identidad de los integrantes. No obstante, utilizan mucho Instagram, Tik-Tok, X para captar nuevos miembros. A partir de posteos en estas redes sociales tradicionales, van pescando y llevando gente vulnerable a otros foros más ‘profundos’. Buscan algún adolescente con morbo extremo, conductas dañinas, problemas de hostigamiento o que glorifique actos violentos. Se acercan a ellos. Lo van arriando de a poco a otras plataformas más íntimas, exclusivas”, puntualiza.
Los nuevos miembros reciben contenido de mucha violencia. Lo que busca la comunidad es que el joven normalice ese tipo de conducta. “Terminan romantizando estos hechos, aplaudiendo asesinos. En caso de no ser atrapado, el autor expone imágenes para vanagloriarse. El paso final es inducir a los nuevos a cometer actos reales, como el que ocurrió en San Cristóbal”, dice Álvarez.
El grupo TCC no está directamente relacionado con 764, porque tienen objetivos diferentes. Este último apunta más a cuestiones vinculadas con el abuso sexual infantil. No obstante, es frecuente que los miembros que participan de una de estas comunidades también forme parte de la otra o de alguna similar.
“Se están captando jóvenes en la Argentina -agrega-. En los últimos meses, identificaron a varios que pudieron ser ubicados a tiempo, para una intervención preventiva. Se está trabajando muy bien desde el sector de contraterrorismo de la Policía Federal.
“Estuve investigando de manera particular el tema. Ahí se ven vínculos que se repiten. El tema es que, en principio, no se sabe quién está detrás de un perfil que es anónimo. Se necesita participación de organismos internacionales. Por ejemplo, a través del convenio de Budapest se puede pedir a Discord que informe si el usuario no ocultó su número de IP, sus correos, teléfonos”.
En este punto, el especialista remarcó que es importante no demonizar a Discord. “Simplemente es una plataforma -y no la única- que, por sus características, permite a estos grupos lograr cierto grado de privacidad para lograr sus cometidos”.
Estos grupos violentos utilizan terminología y simbología específica para evitar que los sistemas de alerta de cada aplicación detecte comentarios inapropiados.
Por ejemplo, utilizan (con emojis) la metáfora de la píldora azul y la píldora roja, con base en la película Matrix. Si se elige la primera, se opta por seguir en la “comodidad”, la “ilusión” de una “realidad ordinaria”. La segunda lleva a descubrir “verdades inquietantes”, “dolorosas”, “incómodas” y “políticamente no correctas”.
“También usan el acrónimo MKY para Maniac Murder Cult, emojis de calaveras y rayitos para hacer referencia a la siniestra SS nazi (policía secreta alemana de Adolf Hitler)”, detalla Álvarez
“Respecto de las medidas de prevención para proteger a los menores de edad, como siempre digo, es fundamental que la familia se involucre en la comunidad digital. La prohibición sin diálogo siempre va a empujar a los chicos a ocultar lo que hacen en línea. La charla siempre tiene que ser abierta, sin juicios, sin castigos. Hay que conocer y entender qué está consumiento de Internet”, afirma el tecnólogo.
“Hay que preguntar al niño o adolescente qué plataforma usa -añade-, qué tipo de contenido busca. La consulta debe hacerse desde la curiosidad, no desde la idea de prohibir o castigar. Si los adultos desconocemos, no podemos acompañar”.
Para prever ataques con armas de fuego, lo ideal es evitar que haya una en el hogar. En caso de tenerla, el adulto debe guardarla bajo llave, en lugar seguro y nunca cargada. Las municiones deben estar en otro sitio.
“Todos debemos estar atentos a conductas amenazantes o peligrosas de los adolescentes. Son señales importantes. Siempre se tiende a minimizar cuestiones que deben encender alarmas. Muchas veces decimos: ‘Siempre juegan así, con violencia’ o ‘le gusta mirar contenidos sangrientos’. Son banderas rojas que hay que tener en cuenta. Si el chico se aísla, si no sociabiliza, hay que ver qué le pasa”, concluye Álvarez.




