No estaba en los planes. Ni en la hoja de ruta, ni en la rutina de un reparto que se repite casi sin pensar. Pero ese viernes, una serie de desvíos por calles en reparación de barrio Roque Sáenz Peña terminó colocando a un camión repartidor de gaseosas y a su custodio en el centro de una escena violenta que tendría un desenlace fatal.
“Veníamos por Corrientes y Zavalla, no nos quedó otra que doblar”, recuerda el custodio del camión, en diálogo exclusivo con El Litoral. A esa altura, todavía no lo sabía, pero esa maniobra lo iba a dejar atrapado en una trama policial que lo señalaría —erróneamente— como protagonista de un homicidio.
Una moto blanca y un encapuchado
El guardia estaba cumpliendo su función habitual: custodiar el reparto. Nada más. Al doblar, una moto blanca le llamó la atención. “Tenía actitud sospechosa, pero no pensé que iba a pasar lo que pasó”, admite.
El camión se detuvo en el pasaje Echeverría, mientras el chofer buscaba su teléfono. El custodio se ubicó del lado izquierdo del vehículo. La moto volvió a aparecer, quedó a mitad del camión. Luego, un hombre caminando. Y después, el encapuchado.
“Lo vi cuando quiso sacar algo de la cintura del otro muchacho”, relata. El primer disparo quebró la escena. El segundo llegó segundos después, cuando ya intentaban alejarse sin entender qué estaba ocurriendo.
Confusión, huida y silencio
Moto y camión arrancaron casi al mismo tiempo. Nadie sabía nada. Nadie entendía nada. El guardia estacionó más adelante, volvió a hablar con el chofer y los empleados. Todos estaban bien. Eso era lo único claro.
"Por las noticias nos enteramos que había un muerto",dijo el guardia. Foto: archivo El Litoral“Nunca nos percatamos de que había una persona fallecida”, sostuvo. El reparto siguió. Como si nada. Hasta que la realidad los alcanzó por la pantalla del celular. Recién al finalizar la jornada, cerca de las 13.45, el guardia empezó a entender. “Por las noticias”, dice. Un delincuente había muerto tras un intento de robo. Buscaban un camión de Coca-Cola con su custodio.
"Vos mataste un choro"
La sorpresa fue total. Ese mismo viernes, a las 15.30, el trabajador recibió un llamado de su jefe. “Me dijo que tenía que ir a Fiscalía a responder unas preguntas”. Fue sin dudarlo. Nunca imaginó lo que vendría después.
Terminó detenido. Pasó horas en una comisaría. Sin celular. Sin reloj. Sin explicaciones. “Lo único que me decían era: ‘vos mataste un choro’”, recuerda con la voz quebrada.
Pensaba en su hija. En su trabajo. En cómo podía estar ahí, acusado de algo que asegura no haber hecho jamás. “No tengo portación de armas, nunca usé un arma, la empresa no trabaja armada”, repite.
La defensa
Esteban Campos, fue el abogado defensor del custodio. Entrevistado también entrevistado por El Litoral, brindó su opinión del caso.
"Las pericias de pólvora (dermotest) dieron negativo. Las pruebas balísticas no vincularon a los trabajadores con los disparos. Las cámaras mostraron otra secuencia: un intento de robo a un cambista de divisas. Cuatro personas involucradas. Una moto. Un encapuchado. Un intercambio de disparos parcialmente tapado por el camión", dijo.
“El camión tapa la imagen, no se puede determinar quién dispara”, explicó Campos. Pero sí se pudo determinar quiénes no.
La fiscalía descartó la hipótesis inicial. Hubo nuevos allanamientos y detenciones. El 2 de febrero habrá audiencia imputativa para el verdadero sospechoso.
"Jamás usé un arma, no tengo portación", aseguró el custodio. Foto: archivo El LitoralMientras tanto, el custodio y los empleados quedaron libres de culpa, pero no de consecuencias. “Esto fue lo peor que me pasó en la vida”, confiesa el custodio. Hoy no sabe si volverá a trabajar en seguridad. La empresa les dio licencia. El golpe emocional fue fuerte.
"Estuvieron en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Y pagaron un precio alto por una confusión que casi les arruina la vida", dijo Campos.
La Justicia corrigió el rumbo. Pero el miedo, la angustia y la marca del señalamiento todavía siguen ahí.