"Me fue mal, porque empezaron a saltar algunas personas que querían castigarme por lo que hacía. Como un señor que se me acercó y me dijo al oído rápidamente 'te vamos a matar' y desapareció en el montón. Eso fue en las flores. Yo salía desprevenido de un negocio. Eran momentos en los que yo recorría periódicamente la zona donde mataron a Esteban, en barrio San Martín. Había vecinos que parecían saber lo que había ocurrido. Y a eso lo expresé cuando me consultaron en el Ministerio de Seguridad, en la Fiscalía, en la Justicia… pero no pasó nada. No es fácil actuar con ese tema y más para un ciudadano de a pie, sin recursos, sólo movido por el amor de un padre a un hijo asesinado. Yo nunca quise ser un justiciero. Traté de que se haga Justicia, de hallar a los culpables, pero todo quedó sepultado con el tiempo. Guardado para siempre", se lamentó.