Los gritos de Gisela Fiamaca despertaron a su vecina la madrugada del 19 de julio de 2020, un llamado desesperado al que la mujer acudió de inmediato. Cuando ingresó a la habitación, se encontró a la víctima sentada en la cama mientras su marido, en estado de shock, le sostenía una remera sobre la herida del pecho, de la que brotaba sangre. Al lado, en otra cama, estaba la hijita de 2 años del matrimonio, y la hija de 6 años de él.


































