En el mundo acelerado en el que vivimos, solemos cuidar de todo y de todos, menos de la persona más importante: nosotros mismos. El trabajo, la familia, las responsabilidades y las exigencias externas nos llevan muchas veces a dejar de lado lo esencial: el acto de quererse. Y no hablo de un amor superficial ni de frases hechas que circulan en redes sociales, sino de una práctica diaria que impacta de manera directa en nuestra salud mental.
































