En el hogar, la higiene de los vasos depende de pasos sencillos que muchas personas pasan por alto: la elección y el estado de la esponja, la forma de secarlos y la posición en que se guardan influyen en la aparición de bacterias y malos olores, por eso es clave corregir hábitos cotidianos para evitar riesgos y conservar la cristalería en buen estado.




































