Dormir mal se volvió tan frecuente que muchas personas ya lo consideran normal. "Duermo poco", "me despierto cansado", "me cuesta conciliar el sueño". Lo decimos casi sin darnos cuenta, como si fuera parte inevitable de la vida adulta. Pero no lo es. El sueño no es un lujo ni un premio después de un día largo. Dormir bien es una función biológica esencial, tan importante como alimentarse o respirar. Cuando el sueño se altera, no solo se afecta el cuerpo: también se ve comprometida la salud mental.





































