Fue un año tan histórico como cualquiera de los que luego añadieron logros a la institución. En ese 1964, un dirigente tan soñador como avezado, que pensaba en grande y desafiaba circunstancias con mucho coraje y pasión por la institución, había traido primero al Santos de Pelé, el mejor equipo del mundo. Y después, el 8 de setiembre, redobló la apuesta e invitó a la selección argentina que venía de ganar la Copa de las Naciones con aquella famosa actuación ante Brasil y la marca de Mesiano sobre Pelé.


































