Cuando el fútbol era amateur en Uruguay, se solía tener como tradición que después de un partido se hacía un asado (cualquier parecido con la realidad en la Argentina, es mera coincidencia, ¿no?). Entonces el equipo perdedor era el encargado de pelar las chauchas para la ensalada. De allí se entiende que aquélla marcha que trajo Gisleno Medina, fallecido hace poco, el hermano de Orlando, y que Colón adaptó como su marcha oficial, hable del "vayan pelando las chauchas, aunque les cueste trabajo, donde juega el sabalero, todo el mundo boca abajo", en clara alusión triunfalista. Y en esta otra noche histórica, tuvo que aparecer nuevamente la figura de un uruguayo que hizo todo lo que se le puede pedir a un ganador: figura en los 90 minutos (sobre todo en el primer tiempo) y nuevamente protagonista en la definición por penales.




































