Por último, cuenta cómo fue desde que llegó a Asunción. “Primero fuimos al fan fest y, a medida que íbamos yendo para la cancha, recorriendo cerca de cuatro kilómetros, la gente nos daba agua en el camino, había una mujer que estaba con una manguera y nos refrescaba. La verdad que los paraguayos se portaron de mil maravillas. Cuando terminó el partido se me rompió el corazón, estábamos tristes porque fuimos a buscar una estrella que no se nos dio. Pero viendo las repercusiones, el resultado deportivo sinceramente pasó a segundo plano. La última gran vara fue Córdoba y la movilización al Chateau quedó chica, sorprendente. Me acordé de mi hijo Agustín que no pudo viajar por cuestiones personales, de él, de mi señora, en diez segundos se me pasó todo por la cabeza y por eso me largué a llorar. Mucha gente me escribió por las redes sociales y me sorprende la cantidad de paraguayos que me escribieron, agradeciéndome lo que hicimos y que nos esperan. Para mí, esto es algo inolvidable y que lo llevaré en mi corazón y en mi memoria hasta el último día de mi vida”.