A partir de allí, la planificación fue muy táctica y sabiendo que había algo que iba a pasar: que Defensa manejase más la pelota. Este es un aspecto con el cuál Colón viene planteando una dura lucha desde hace mucho tiempo. El hecho de no entender a qué debe jugar y cómo se tiene que plantear y “plantar” el equipo, llevó a confusiones y a incertidumbres. ¿Colón es un equipo que juega a través de la posesión de la pelota?, no. ¿Es un equipo que juega de contragolpe?, no. Esto es algo muy “viejo”, un déficit que ningún entrenador pudo solucionar. Es la tan mentada identidad de juego, con la búsqueda de variantes, con movimientos aceitados y mecanizados. Eso que otros equipos muestran, a Colón le cuesta. Y yendo a este partido, estaba muy claro de antemano —y el técnico fue el primero en saberlo— que a la pelota la iba a tener el rival. Por eso, Osella relegó a un segundo plano la posibilidad de discutirle la posesión y puso otro volante de marca para que Lértora no esté solo. Y por los costados, soltó a Bernardi y a Estigarribia para que intenten no sólo tapar la subida de los marcadores de punta (Tripichio y Piovi se cansaron de pasar al ataque), sino también para que intenten aprovechar sus espaldas o metan diagonales a los espacios que dejaba libre Viatri, el jugador más inteligente que tuvo Colón durante los 90 minutos.