"Rubén, tenemos un chico que vive en Santa Fe pero consideramos que, por su situación, en lo social y lo económico, debe vivir en la pensión... ¡Ya sé!... Me vas a decir que se toma un colectivo urbano y está en su casa, pero es una situación especial que tenés que contemplar". Palabras más, palabras menos, Gustavo Marín le hizo el pedido -casi como un ruego- a Rubén Rossi, por entonces director del departamento infanto-juvenil de Colón. Fue durante la gestión de Germán Lerche. Y la orden, por entonces, era clarita: la pensión no era para los jugadores de Santa Fe, sino para los del interior. Con él se hizo la excepción, al menos la primera.



































