En cinco días cambió su cara al compás de lo que cambió su equipo. Unión pasó de aquella imagen deslucida, chata y desgastada de Platense, a este equipo vigoroso, valiente, que le jugó de igual a igual a Vélez y que tuvo una actuación defensiva estupenda, desde Thiago Cardozo y pasando por cada uno del resto de sus compañeros. Porque no sólo fueron los cinco de atrás, sino la solidaridad de todos, empezando por los de arriba, que corrieron gente y marcaron como si tuviesen que cumplir con esa función por encima de la propia, que es la de atacar al rival. Y párrafo aparte para Francisco Gerometta. El “Tati” no jugaba de titular desde octubre del año pasado. Y en este año apenas había estado presente en menos de 200 minutos. Era muy poco, con una lesión en el medio y un nivel futbolístico que no lo ayudaba ni siquiera para pelear el puesto. Para colmo, la ida de Vera produjo el “descubrimiento” de Vargas. Y el pibe arrancó “para comerse los chicos crudos” y se ganó la titularidad en forma indiscutible, manteniendo un buen nivel durante muchos partidos. Hasta que le llegó el bajón y el Kily decidió su reemplazo. Podría haber elegido a Torrén, volcando a Paz al costado derecho, como lo hizo en el final. Eligió a Gerometta. Y no se equivocó. Gerometta debe haber jugado su mejor partido en Unión, justo en el más difícil, ante el rival más encumbrado y peligroso. Acierto del entrenador, voto absoluto de confianza y respaldo, y respuesta notable del jugador. Combo perfecto.




































