Cuando jugaba, el Kily González parecía estar siempre "enchufado a 220". Activo, sabía en qué momento había que jugar y en cuál se debía luchar. Eso le fue configurando una personalidad muy especial. Y pese a que su carrera de entrenador está recién comenzando, ya va dando muestras de un perfil que tiene mucho que ver con lo que demostraba cuando jugaba. Y si para muestras vale un botón, hay que ver de la manera en que vive el partido. Ante todo, es casi imposible verlo adentro del corralito que disponen los técnicos para moverse, delante de su banco de suplentes. En el primer tiempo, sobre todo, el Kily salía a menudo de ese corralito y hasta se metía, no de manera voluntaria, adentro de la cancha. El cuarto árbitro se habrá cansado de indicárselo. Y de última, parecía resignado a no poder corregir esa situación.



































