¿Lo ganó corriendo?, sí… ¿Lo ganó jugando?, sí… ¿Lo ganó por temperamento y convicción?, sí… ¿Lo ganó por concentración?, sí… ¿Lo ganó por virtudes e inteligencia tácticas y estratégicas?, sí… Unión ganó porque jugó un partidazo. Ni más ni menos. Sin grietas, convencido de cómo había que jugarlo y sabiendo que no había margen para el error. Compensado en todas las líneas, Unión fue transmitiendo seguridad, compromiso y un plan de juego que no admitía titubeos. Quizás, el único defecto que se le puede “achacar”, haya sido no haber convertido un gol en el primer tiempo, cuando tuvo tres situaciones demasiado claras como para irse al descanso en ventaja, más allá de que también había aparecido la figura de Moyano para desviar un remate de De la Cruz (con ayuda del travesaño incluida) y otro a Alvarez, en ambas ocasiones ingresando por el sector de Vera, que fue creciendo en su rendimiento hasta ponerse a la altura de todos.

































