Fue en el “Semillero del mundo”. En la misma cancha en la que Diego hacía “jueguito” en el entretiempo de los partidos, cuando era niño, deslumbrando a todos los que iban y gritaban para que el pibe se quedara y el segundo tiempo no comenzara, antes de maravillar al mundo con un talento incomparable. En la misma cancha en la que algún día apareció un tal Claudio Borghi para tirar rabonas o dos “5” que escondían la pelota bajo su suela y no se la podían sacar, como Fernando Redondo o el Checho Batista.




































