¡"Mirá lo que es esto!", convida a la vista Lisandro, empleado gastronómico, rastas bien atadas, señalando con orgullo los dos tremendos ollones donde se cocinaba un "mar" de locro. No sólo era el aroma lo que llamaba sino el color, esa textura bien cremosa más el fuego abajo. Todo parecía un montaje de escena culinaria, al estilo Master Chef: parado sobre la estructura montada para la cocción, otro muchacho, a lo alto, removía y removía con fuerza, como una suerte de Poseidón vernáculo.



































