La pandemia del coronavirus mandó al exilio a los besos y los abrazos. El exilio puede ser traumático y doloroso: ya lo sabían los griegos de la Antigüedad, y por eso lo inventaron. Las nuevas normas dictadas para evitar la propagación de coronavirus —el distanciamiento social, el aislamiento obligatorio y, finalmente, el encierro— configuran una situación inédita para los seres humanos, por cuya evolución son, en esencia, sociales, destinados a vivir en comunidad y no en un confinamiento propio de un ermitaño.





































