El ruido de una máquina excavadora se escuchó este martes a la mañana en Acería. No era una obra más. La pala mecánica comenzó a derribar los últimos seis monoblocks que quedaban en pie de aquel conjunto habitacional del norte de la ciudad, mientras a pocos metros las familias que durante años vivieron allí estrenaban las llaves de sus nuevas casas.





































