La ciudad de Santa Fe y la región atraviesan una semana marcada por temperaturas en ascenso y condiciones atmosféricas que encienden señales de alerta.
El escenario obliga a extremar cuidados, especialmente para niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, y a seguir de cerca la evolución de las condiciones meteorológicas.

La ciudad de Santa Fe y la región atraviesan una semana marcada por temperaturas en ascenso y condiciones atmosféricas que encienden señales de alerta.
Consultado por El Litoral, el ingeniero Ignacio Cristina, integrante del Centro de Información Meteorológica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH), explicó que el actual escenario climático abre la puerta a registros extremos y no descartó que el termómetro pueda acercarse —o incluso superar— los 40 grados en los próximos días.
Ante la consulta concreta sobre la posibilidad de alcanzar los 44 grados, Cristina fue claro: “Sí, en realidad existe, esperemos que no, pero existe”. La advertencia se sustenta en la configuración atmosférica que domina gran parte del centro y norte del país.
Según explicó el especialista, si bien un sistema frontal frío se encuentra actuando en el sur de la región central, su intensidad es débil y su influencia no alcanza de lleno a la zona de Santa Fe. “Casi todo el norte de la región central sigue afectado por un sistema de baja presión que genera una circulación de masas de aire cálido y seco hacia nuestra región”, detalló.
Ese ingreso persistente de aire cálido y seco tiene un efecto particular en el comportamiento térmico diario. Las jornadas comienzan con temperaturas relativamente moderadas —mínimas en torno a los 20 o 22 grados—, pero con el correr de las horas el calor se intensifica de manera sostenida. “Hoy ya tuvimos dos grados más de mínima respecto del lunes, y esa tendencia se mantiene para los próximos días”, señaló Cristina.
El punto crítico, explicó, es que el aumento de las mínimas suele ir acompañado por un incremento similar en las máximas. “La máxima del lunes respecto de la del día anterior ya mostraba casi dos grados y medio más. Si esta tendencia se sostiene, podríamos superar los 40 grados y tal vez llegar a los 42 o 43. Los 44 esperamos que no, pero no se pueden descartar”, agregó.
Este escenario se mantendría al menos hasta el viernes, cuando se prevé el ingreso de un frente frío. Sin embargo, el alivio sería limitado. “Es un sistema frío, sí, pero bastante débil. No se observa un descenso importante de temperatura en las zonas por donde ya pasó”, aclaró.
Más allá del calor, el especialista puso el foco en otro aspecto clave del actual patrón climático: la falta de lluvias generalizadas. “Estamos en un contexto predominantemente seco”, explicó, al referirse a la situación que atraviesa gran parte de la región productiva.
Cristina recordó que se hablaba de una transición entre un evento de La Niña débil y condiciones neutrales. Sin embargo, en la práctica, las precipitaciones importantes fueron muy puntuales. “Es una característica típica de un sistema seco: lluvias muy intensas pero extremadamente localizadas”, señaló.
Como ejemplo, mencionó que en zonas ubicadas a 40 o 50 kilómetros de la ciudad se registraron episodios con casi 200 milímetros en un solo día, que provocaron anegamientos severos, mientras que en Santa Fe capital apenas se acumuló cerca del 50% de lo esperado para el promedio histórico del período.
Este comportamiento responde a la presencia de lluvias convectivas, propias del verano. “En una franja llueve intensamente y a 10 o 12 kilómetros no cayó absolutamente nada. Para el ambiente meteorológico no es extraño”, explicó.
La combinación de aire seco, altas temperaturas y factores locales —como islas de calor urbanas o determinadas coberturas de suelo— favorece la formación puntual de tormentas intensas.
En cuanto al viernes, Cristina marcó una diferencia importante entre los pronósticos. Mientras el Servicio Meteorológico Nacional anticipa tormentas aisladas, desde el Centro de Información Meteorológica de la FICH prevén lluvias débiles y dispersas.
“La diferencia es sutil pero importante. Tormenta implica descargas eléctricas, vientos fuertes y la posibilidad de lluvias intensas. A priori, lo que vemos es un sistema muy seco, con chances de lluvias leves, no de tormentas”, indicó.
De todos modos, advirtió que la atmósfera presenta una inestabilidad latente. “Venimos con presiones atmosféricas bajas desde hace más de una semana, alrededor de los 1006 o 1007 hectopascales. Eso significa que ante el más mínimo cambio en las masas de aire, puede dispararse una tormenta”, explicó.
Consultado sobre si este episodio puede considerarse la primera ola de calor del año, Cristina consideró que el fenómeno está muy cerca de cumplir con esa definición. “Yo creo que sí”, afirmó.
Si bien hasta ahora las temperaturas máximas no superaron ampliamente los promedios históricos para Santa Fe, sí se viene registrando una persistencia de valores elevados. “Enero fue bastante benévolo para lo que suele ser un enero santafesino. No tuvimos extremos, pero sí una constancia de temperaturas altas”, explicó.
Esa continuidad es uno de los factores clave para hablar de ola de calor. “Desde la última semana y media de enero venimos rozando esa condición. Esta semana ya arrancamos con temperaturas elevadas y una tendencia clara al incremento”, señaló.
La definición estricta de ola de calor requiere varios días consecutivos con temperaturas máximas y mínimas por encima de ciertos umbrales. En ese sentido, el ingreso del frente frío previsto para el viernes podría interrumpir el fenómeno. “Nos daría un leve respiro entre el viernes y el fin de semana”, concluyó.




