Si hay silencio -o si el ruido se limita a su extremo- no hay discursos circulantes. No estarán ni la palabra ni la expresión. Son harto conocidos los casos de censura que pesaban sobre los diarios, radios y TV durante la última dictadura cívico-militar en la Argentina (1976-1983). Pero la imposición del silencio no sólo pesaba sobre los medios de comunicación.




































