Se cumplieron las advertencias del Servicio Meteorológico Nacional y las primeras horas de este martes 26 de mayo de 2026 tuvieron como protagonistas a una intensa niebla en la provincia de Santa Fe.
El fenómeno climatológico redujo notablemente la visibilidad en las rutas del área metropolitana de la capital provincial. En la ciudad, los edificios y los puentes también quedaron envueltos en la neblina.

Se cumplieron las advertencias del Servicio Meteorológico Nacional y las primeras horas de este martes 26 de mayo de 2026 tuvieron como protagonistas a una intensa niebla en la provincia de Santa Fe.
El fenómeno climatológico se pudo apreciar a la perfección desde las magníficas tomas que captó el drone de El Litoral.
Además de las rutas y caminos del centro provincial, la baja visibilidad también se hizo notar en la zona urbana. En ese contexto, edificios y puentes de la capital santafesina se vieron envueltos por la niebla.
Las mañanas húmedas y grises son habituales durante el otoño y el invierno en gran parte de Argentina. En esos días, la visibilidad disminuye y el paisaje parece cubierto por una nube baja. Sin embargo, aunque muchas veces se usan como sinónimos, “neblina” y “niebla” no significan exactamente lo mismo.
La diferencia principal entre ambos fenómenos está relacionada con la visibilidad que permiten y con la densidad de las diminutas gotas de agua suspendidas en el aire.
La niebla es un fenómeno meteorológico que se produce cuando pequeñas gotas de agua quedan suspendidas cerca de la superficie terrestre, formando una especie de nube a nivel del suelo. Se genera generalmente por la combinación de alta humedad, bajas temperaturas y poco viento.
Su característica más importante es que reduce considerablemente la visibilidad. De acuerdo con los criterios meteorológicos internacionales, se habla de niebla cuando la visibilidad horizontal es inferior a un kilómetro.
En rutas, autopistas y zonas urbanas, la niebla puede transformarse en un factor de riesgo importante para el tránsito, ya que dificulta la percepción de distancias, señales y vehículos. Por eso, suele motivar alertas de organismos meteorológicos y recomendaciones especiales para conductores.
La neblina también está formada por gotas microscópicas de agua suspendidas en el aire, pero en menor concentración. Por ese motivo, el paisaje se ve difuso aunque todavía es posible distinguir objetos a una distancia mayor.
Meteorológicamente, se considera neblina cuando la visibilidad se mantiene por encima de un kilómetro. Es decir, existe humedad en suspensión, pero no alcanza la densidad suficiente para transformarse en niebla.
En términos simples, podría decirse que la neblina es una versión más tenue o menos espesa de la niebla.
En el lenguaje cotidiano, ambos términos se usan de manera indistinta porque visualmente presentan similitudes. Los dos generan un ambiente grisáceo y húmedo, especialmente durante las primeras horas del día.
Además, las condiciones climáticas que originan niebla y neblina son parecidas: noches frías, alta humedad y escaso movimiento de aire. Incluso, una neblina puede intensificarse y convertirse en niebla si aumenta la concentración de humedad.
También influye la costumbre cultural y regional. En distintos lugares del país, muchas personas llaman “niebla” a cualquier reducción de visibilidad, aunque técnicamente se trate de neblina.
La formación suele darse cuando el aire cercano al suelo se enfría hasta alcanzar el llamado “punto de rocío”, es decir, la temperatura a la que el vapor de agua comienza a condensarse.
Esto ocurre frecuentemente durante la madrugada y el amanecer, especialmente en zonas cercanas a ríos, lagunas y campos abiertos. En regiones del litoral argentino, la presencia de humedad favorece episodios frecuentes durante los meses más fríos.
Cuando el sol gana intensidad y la temperatura aumenta, tanto la niebla como la neblina tienden a disiparse de manera gradual.




