La Fórmula 1 suele resolver sus batallas en la pista. Pero en las últimas semanas, buena parte de la discusión se trasladó a los escritorios de la FIA.
Cuando parecía que la polémica de Mónaco comenzaba a apagarse, Barcelona volvió a poner a la FIA bajo la lupa., la máxima autoridad de la Fórmula 1 tomó decisiones que generaron controversia. Mientras McLaren y Red Bull apelan por el caso de Pierre Gasly en Mónaco, en Barcelona la sanción a Franco Colapinto volvió a abrir el debate sobre los criterios de los comisarios.

La Fórmula 1 suele resolver sus batallas en la pista. Pero en las últimas semanas, buena parte de la discusión se trasladó a los escritorios de la FIA.
Lo que comenzó con la restitución del podio a Pierre Gasly en el Gran Premio de Mónaco terminó convirtiéndose en una nueva disputa reglamentaria, mientras que la sanción aplicada a Franco Colapinto en Barcelona alimentó otro debate sobre la interpretación de las normas.
Son dos casos distintos, con situaciones completamente diferentes. Sin embargo, ambos dejaron la misma sensación dentro y fuera del paddock: la de una categoría que vuelve a discutir decisiones de los comisarios después de la bandera a cuadros.
La primera polémica tuvo su origen en Mónaco. Días después de la carrera, la FIA decidió anular las dos penalizaciones de cinco segundos que habían relegado a Gasly del podio. Alpine logró demostrar que existió un problema en el sistema utilizado para medir la velocidad en la entrada al pitlane, una particularidad exclusiva del trazado monegasco.
Con nuevas pruebas sobre la mesa, los comisarios corrigieron la sanción y devolvieron al piloto francés el tercer lugar.
A simple vista parecía una decisión lógica: si la penalización había sido incorrecta, debía ser anulada. Pero el problema apareció inmediatamente después.
McLaren y Red Bull consideran que la corrección generó una nueva injusticia. Durante el fin de semana todos los equipos trabajaron con la información disponible y aceptaron las decisiones tomadas por los comisarios. Algunos pilotos incluso cumplieron sanciones que condicionaron sus carreras.
Por eso entienden que modificar el resultado varios días después perjudica a quienes actuaron bajo las reglas vigentes en ese momento. La consecuencia más visible fue la pérdida del podio de Isack Hadjar, que había heredado la tercera posición tras las sanciones iniciales a Gasly.
La discusión ya no pasa por si Gasly merecía o no recuperar el podio. Lo que se debate es cómo corregir un error sin generar otro.
Mientras esa controversia sigue abierta y ahora llegará al Tribunal Internacional de Apelación de la FIA, Barcelona dejó otro episodio que tampoco pasó inadvertido.
Franco Colapinto había completado una gran remontada para terminar octavo con un Alpine que durante buena parte del fin de semana pareció lejos de la zona de puntos. El argentino había logrado revertir un viernes complicado y cerró una carrera sólida en un circuito donde el equipo francés no partía entre los favoritos.
Los comisarios entendieron que Colapinto no redujo suficientemente la velocidad en una zona con bandera amarilla y le aplicaron una sanción de diez segundos que lo hizo caer al décimo puesto.
Lo que generó debate no fue solamente la penalización, sino la explicación. La FIA reconoció que el piloto había levantado el acelerador, aunque consideró que no lo hizo de manera suficiente.
Y allí apareció la pregunta que muchos se hicieron inmediatamente: ¿qué se considera suficiente?
La telemetría mostró que Colapinto había reaccionado ante la bandera amarilla. Además, distintas comparaciones realizadas después de la carrera indicaron que otros pilotos atravesaron el sector con velocidades similares. Sin embargo, el argentino terminó siendo sancionado.
No se trata de afirmar que la FIA actuó correctamente o se equivocó. Lo que quedó instalado es la sensación de que ciertas decisiones siguen dependiendo de interpretaciones que no siempre resultan fáciles de comprender para equipos, pilotos y aficionados.
Por eso los casos de Gasly y Colapinto terminan conectándose. Uno habla de una sanción anulada varios días después. El otro, de una sanción aplicada cuando la carrera ya había terminado. Pero ambos reabrieron una discusión que la Fórmula 1 conoce desde hace años: la necesidad de criterios claros, consistentes y comprensibles para todos.
La FIA tiene la obligación de impartir justicia deportiva. Sin embargo, cuando las decisiones generan más preguntas que respuestas, inevitablemente termina convirtiéndose en protagonista de una historia en la que debería ocupar un papel secundario.
Y en las últimas semanas, más que los pilotos, fueron los comisarios quienes quedaron bajo las luces.





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