En medio del debate por la normativa de motores de 2026, la FIA y la Fórmula 1 coincidieron en la necesidad de reducir la dependencia de las automotrices y fortalecer la autonomía del campeonato.
En la previa del GP de Miami, la FIA respaldó la postura de la Fórmula 1 de avanzar hacia un modelo menos dependiente de los fabricantes de automóviles. El foco está en reducir costos y evitar que los cambios del mercado condicionen el rumbo del deporte.

En medio del debate por la normativa de motores de 2026, la FIA y la Fórmula 1 coincidieron en la necesidad de reducir la dependencia de las automotrices y fortalecer la autonomía del campeonato.
La discusión cobró fuerza en la antesala del Gran Premio de Miami, donde se plantearon los desafíos a futuro.
El director de monoplazas de la FIA, Nikolas Tombazis, fue claro al señalar que el deporte no puede quedar condicionado por las decisiones estratégicas de las empresas automotrices.
“No podemos ser rehenes de que las compañías decidan formar parte o no”, sostuvo, en línea con lo expresado semanas atrás por el CEO de la F1, Stefano Domenicali.
El eje del nuevo reglamento técnico está en una división cercana al 50/50 entre la potencia eléctrica y la del motor de combustión interna. Este concepto surgió en un contexto en el que la industria automotriz proyectaba una rápida transición hacia la electrificación total.
Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar. La adopción de vehículos eléctricos no avanzó al ritmo esperado en varios mercados, mientras que los combustibles sostenibles ganaron protagonismo como alternativa para prolongar la vida del motor térmico.
En ese marco, Tombazis reconoció que muchas de las decisiones iniciales estuvieron influenciadas por las proyecciones de las automotrices.
Uno de los principales objetivos de la FIA es reducir los costos de desarrollo de las unidades de potencia. Esto no solo facilitaría la permanencia de los fabricantes actuales, sino que también podría abrir la puerta a nuevos actores, incluso independientes.
Además, una estructura de costos más baja permitiría a la F1 protegerse de los vaivenes del mercado global. “Necesitamos resguardar el deporte de la situación macroeconómica”, explicó Tombazis, remarcando que la estabilidad a largo plazo es clave para el crecimiento de la categoría.
Aunque el reglamento 2026 ya entró en vigencia, las discusiones ya están puestas en el siguiente ciclo técnico, previsto para 2031. La razón es simple: los tiempos de desarrollo de motores son largos y requieren definiciones anticipadas.
En ese sentido, tanto la FIA como la F1 buscan evitar repetir escenarios en los que los cambios del mercado obliguen a redefinir el rumbo sobre la marcha. La intención es construir una normativa más flexible y sostenible en el tiempo, que combine innovación tecnológica con viabilidad económica.
El trasfondo de este debate es claro: lograr un equilibrio entre el aporte de los fabricantes y la independencia del deporte. Un objetivo que, según dejan entrever desde los organismos rectores, será central en la Fórmula 1 del futuro.




