No tuve la suerte de conocerlo. O mejor dicho, no tuve la suerte de tratarlo, al padre de Messi. Jorge siempre mantuvo un perfil bajo, no era propenso a hacer declaraciones y cumplió cabalmente con su rol de padre, consejero y administrador de la fortuna que fue creando alrededor de la imagen de su hijo. Pero la función de este empleado jerarquizado de una empresa metalúrgica y padre de cuatro hijos, empezó mucho antes. Arrancó cuando su hijo tenía apenas 12 años y debía iniciar urgentemente un tratamiento médico fundamental para su crecimiento.






































