Esa sorpresa inicial del gol en contra de Lisandro Martínez que cayó como un baldazo de agua fría, inesperado y sorpresivo, no tenía demasiado recorrido. Se sabía que no era definitivo. Y que iba a motivar la reacción lógica de un equipo que ni se inmutó ante el gol de Guatemala y fue a revertir la historia con un rendimiento que no empezó siendo bueno, pero que fue mejorando a medida que pasaron los minutos.


































