Cuando era anunciado el doping positivo de Maradona en el Mundial de 1994, marcando el epílogo de una era con un protagonista excluyente y brillante como él, todos nos preguntábamos si íbamos a ser contemporáneos de alguien que se acerque a ese nivel de excepción. Kempes había sido la gran figura del equipo campeón del 78, pero Diego pulverizó expectativas y paralizó corazones como ninguno. Lo superó. Y se nos hacía muy difícil pensar en que íbamos a encontrarnos con alguien que lo iguale, sin saber que ese mismo día en el que Diego decía que le habían “cortado las piernas” en Estados Unidos, había un chiquilín de 7 años que deslumbraba en las canchitas de Rosario. Se empezaba a gestar el perfil inigualable de un sucesor con mayúsculas, llamado Lionel Messi.



































