“Debuté a los 7 años en el club Ferroviario, que estaba en Talcahuano y la 26 sin nombre. Mi madre era guardabarreras de la 26, que hoy es Ángel Cassanello. Los socios del Ferroviario se bajaban ahí e iban caminando al club. Había en ese entonces un colectivo que le llamaban ‘la cucaracha’, que comunicaba al club con la avenida General Paz. Ahí estaba la línea "D", que actualmente es el "8". Así que a mí me llevaban al club cuando era más chiquito todavía, tenía 4 o 5 años. Me decían ‘Amuleto’ porque traía suerte, me ponían atrás del arco cuando jugaban al fútbol y no le convertían goles. Más todavía, pocos sabían que me llamaba Ramírez porque me decían ‘Amuleto’. Me quedó ese sobrenombre”. Con la muerte de Rufino Ramírez, “el Señor tenis criollo”, se va, quizás, el mejor jugador que tuvo este deporte bien santafesino en nuestra ciudad, además de un hombre respetadísimo y poseedor de una forma de ser y de manejarse en la vida que lo llevó a convertirse en alguien tremendamente querido en el deporte de la ciudad.




































