El aumento del uso del crédito también trae una pregunta cada vez más frecuente para los hogares: ¿qué pasa cuando llega la fecha de vencimiento y no alcanza el dinero para pagar una cuota, el resumen de la tarjeta o un préstamo?
El BCRA informó que la mora de las familias llegó al 12,8% en junio. Qué ocurre cuando una cuota queda impaga, cómo impacta en la situación crediticia y qué se puede consultar en la Central de Deudores.

El aumento del uso del crédito también trae una pregunta cada vez más frecuente para los hogares: ¿qué pasa cuando llega la fecha de vencimiento y no alcanza el dinero para pagar una cuota, el resumen de la tarjeta o un préstamo?
La respuesta depende del tipo de financiamiento, del tiempo que transcurra desde el vencimiento y de las condiciones pactadas con la entidad, pero dejar de pagar no es una situación que desaparezca con el paso de los días.
Los últimos datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA) muestran la dimensión que tiene actualmente el crédito para las personas.
A diciembre de 2025, 20,3 millones de individuos registraban algún tipo de financiamiento dentro del sistema financiero ampliado. La cifra estaba cerca del máximo histórico de 20,4 millones alcanzado en mayo de 2024. La cobertura alcanzaba al 54,7% de la población adulta.
Al mismo tiempo, durante 2026 aumentó la irregularidad de las financiaciones destinadas a las familias. El último Informe sobre Bancos publicado por el BCRA, correspondiente a junio, ubicó el indicador de mora de las financiaciones a las familias en 12,8%. El organismo aclaró que el resultado se dio en un contexto de crecimiento real del crédito y una desaceleración del ritmo de aumento de la cartera irregular.
Una deuda no desaparece porque una persona no pueda afrontar el vencimiento. Cuando una obligación financiera queda impaga, la entidad que otorgó el crédito registra esa situación y, dependiendo del tiempo transcurrido y de las condiciones de la financiación, puede modificar la calificación crediticia del deudor.
El BCRA explica que la Central de Deudores del Sistema Financiero reúne información de las financiaciones informadas por bancos, emisoras de tarjetas, proveedores no financieros de crédito y otros actores. Allí pueden aparecer créditos personales, prendarios, hipotecarios y saldos de tarjetas, entre otros productos.
La Central conserva información correspondiente a los últimos 24 meses. En la consulta, una persona puede conocer qué entidad informó una financiación, cuál es el monto adeudado y qué situación o calificación fue asignada.
Esto es importante porque no todas las situaciones de deuda son iguales. El hecho de tener un crédito vigente no significa estar en mora. El problema aparece cuando existen incumplimientos y la entidad informa una situación crediticia diferente de la correspondiente a una financiación regular.
Por eso, ante una dificultad para pagar, una de las primeras medidas útiles es revisar cuál es la situación registrada y comunicarse con la entidad acreedora para conocer las alternativas disponibles.
En el caso de las tarjetas de crédito, no pagar el total del resumen no significa necesariamente que toda la deuda quede cancelada o refinanciada de la misma manera.
El usuario debe diferenciar entre pagar el total, realizar el pago mínimo o no efectuar ningún pago. Cada alternativa tiene consecuencias diferentes sobre el saldo pendiente y los intereses que pueden generarse según las condiciones del contrato.
Por eso, si una persona sabe que no podrá cancelar el resumen completo, es importante revisar antes del vencimiento cuál es el monto del pago mínimo, qué saldo quedará financiado y cuál será el costo de esa financiación.
El BCRA incluye los saldos de tarjetas dentro de la información que puede consultarse en la Central de Deudores. Esto permite que una persona tenga una visión consolidada de las financiaciones que las distintas entidades informan a su nombre.
En este punto también adquiere relevancia el crecimiento de los préstamos personales y del financiamiento mediante proveedores no financieros. Según el BCRA, a diciembre de 2025 las tarjetas de crédito alcanzaban a 14,8 millones de personas y los préstamos personales a 11,9 millones de deudores. Los préstamos personales habían crecido 22,1% interanual en cantidad de deudores, frente al 4,8% de las tarjetas.
Los préstamos personales tienen un esquema diferente al de una tarjeta, porque existe un cronograma de cuotas y vencimientos establecido al momento de contratar la financiación.
Si una cuota no se paga, la deuda continúa pendiente y pueden aplicarse los cargos previstos en las condiciones contractuales. Además, el incumplimiento puede terminar reflejándose en la información crediticia que las entidades comunican al BCRA.
Los datos del organismo muestran que los préstamos personales tienen una importancia creciente dentro del financiamiento de los hogares. En el informe correspondiente al segundo semestre de 2025, el BCRA señaló que el aumento de la cantidad de deudores de préstamos personales fue mayor que el registrado en tarjetas de crédito.
Por eso, antes de tomar un nuevo préstamo para cancelar una deuda anterior, es fundamental conocer el costo total de esa operación. Sacar un nuevo crédito puede resolver un vencimiento inmediato, pero también significa incorporar una nueva obligación de pago.
El primer paso es no ignorar la deuda. Si existe una dificultad para cumplir con el vencimiento, conviene comunicarse con la entidad antes o inmediatamente después de que se produzca el incumplimiento para conocer las opciones disponibles.
La alternativa concreta depende del producto, de la entidad y de las condiciones del contrato. Puede existir la posibilidad de refinanciar, reestructurar una deuda o establecer un nuevo esquema de pagos, aunque cada caso debe analizarse de manera individual.
También es importante evitar tomar decisiones únicamente en función del valor de la cuota. Una financiación con una cuota más baja puede implicar un plazo más largo y un costo financiero total mayor.
Por eso, antes de aceptar una refinanciación, conviene revisar el monto total que se terminará pagando, la cantidad de cuotas, la tasa de interés, los gastos asociados y las condiciones ante nuevos incumplimientos.
El crecimiento del crédito permite dimensionar por qué el problema de la mora tiene impacto directo sobre los hogares. A diciembre de 2025, 20,3 millones de personas tenían financiamiento y el saldo promedio por deudor había alcanzado $4,1 millones a precios constantes de diciembre de ese año, el valor más alto desde enero de 2020.
En junio de 2026, el BCRA informó que el indicador de mora de las financiaciones a las familias se ubicó en 12,8%. En el mismo mes, el saldo real del crédito total al sector privado en pesos creció 1,7% respecto de mayo y 2,6% en la comparación interanual.
Estos números muestran dos fenómenos simultáneos: el crédito continúa siendo una herramienta utilizada por millones de personas y, al mismo tiempo, una parte de los hogares enfrenta dificultades para cumplir con sus obligaciones.
Para los consumidores, la clave ante una dificultad de pago es actuar antes de acumular nuevos vencimientos, conocer exactamente cuánto se debe y revisar las alternativas ofrecidas por la entidad. La Central de Deudores del BCRA permite, además, tener una fotografía de la situación crediticia registrada y detectar a tiempo posibles problemas.





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