A los 9 años, cuando salía de la escuela, Darío Benitez sellaba huevos en un galpón del vecino, en la esquina de su casa, por lo que cobraba unos pesos que guardaba en un frasco que tenía enterrado en la maceta de un cantero hasta que su padre, que no sabía lo que hacía, lo desenterró y le pidió explicaciones. A partir de entonces, tenía 11 años, empezó a hacer de todo, pero sobre todo a vender lo que sea, perejil de la quinta de su abuelo, nísperos de las plantas de su casa, todo puerta por puerta a la hora de la siesta, después que salía de la escuela. "Hoy tenés que tener 18 años para poder trabajar. Pero destaco, que importante que es que incentivar a los jóvenes desde chicos para que mirando al futuro, den valor a las cosas que tienen gracias al esfuerzo de los adultos, puedan colaborar en el hogar, sean responsables con sus estudios y al terminar con los mismos puedan trabajar ya sea en una profesión o en un oficio".



































