La costa patagónica ofreció una escena difícil de imaginar: una playa repleta de personas, el mar iluminado por la luna y, a pocos metros de la orilla, el movimiento de enormes ballenas francas australes. El particular espectáculo ocurrió en El Doradillo, Chubut, uno de los lugares más reconocidos de la Argentina para observar a estos animales en libertad.


































