Una combinación letal de temperaturas que superan holgadamente los 40 grados, vientos cambiantes y una sequía estructural extrema transformó vastas regiones del sur de Europa en un auténtico polvorín. En pleno pico de la temporada estival, las autoridades de Francia, España e Italia batallan a contrarreloj frente a un frente de incendios forestales simultáneos que forzó la evacuación de decenas de miles de residentes y turistas, dejando un saldo trágico de tres bomberos fallecidos en servicio.




































