Los incendios forestales avanzan sin tregua en el suroeste de Europa, donde ya redujeron a cenizas más de 17.000 hectáreas de vegetación. El fenómeno es la consecuencia directa de una ola de calor extrema que pulverizó récords históricos y dejó en evidencia la creciente vulnerabilidad del continente frente al cambio climático.





































