La cruz de sal es una práctica de raíz popular que perdura en muchas regiones del país, especialmente en hogares del interior donde se valora la sabiduría transmitida por generaciones. Su realización implica trazar una cruz con sal en el suelo —usualmente en la entrada de la vivienda o en el jardín— con la intención de proteger el ambiente y a quienes lo habitan.



































