Ahora bien, la hostilidad en su sentido más sencillo remite al odio. ¿Qué quiere decir que no podemos amar sin odiar? En principio, para mí es una manera de situar que el amor no es algo puro -incluso este es un ideal perjudicial, porque conduce a que en nombre del amor se pueda hacer cualquier cosa-; en segundo lugar, permite pensar que el amor tiene una cara egoísta. Por ejemplo, si mi pareja me dice que esta noche tiene una fiesta y, al rato, me dice que se suspendió, quizá no lo lamente mucho -aunque me pueda apenar por la frustración de su plan. Fijate Mariela que no propongo un caso de persona posesiva, no, más bien concedo que podamos pensar en alguien que pueda proyectarse en el deseo de su pareja. Incluso en un contexto tan favorable, el amor no dejará de tener componentes que antepongan nuestro bien, porque si no fuese así seríamos capaces de poner en riesgo nuestra propia autoconservación. Los llamados "amores incondicionales", o absolutos, están lejos de ser amorosos, porque no tienen límites y quien ama de esa manera es capaz de cualquier cosa: ese componente hostil (egoísta) es el que a veces salva de cosas peores, como la agresión y la violencia.