La estrategia se centró, como suele suceder en el kirchnerismo, en soslayar los hechos y los argumentos para poner el foco en desacreditar al denunciante, para quitarlo del medio. Y olvidar que las causales de recusación son específicas, taxativas y de interpretación restrictiva: amistad íntima o enemistad manifiesta con las partes interesadas. Esto es, el imputado, la víctima o el actor civilmente demandado. Para el abogado de Cristina Kirchner, la hipotética cerveza compartida después del partido (al que nunca asistió Macri, ni se entiende por qué su eventual asistencia sería motivo para desplazar al fiscal o al juez) es indicio de "amistad íntima"; una exageración que ni el más fanático de los puritanos se hubiera atrevido a cometer. Y una lógica en la que cualquier coincidencia en un evento social, institucional, recreativo o religioso sirve para remover a quien contraría el interés de parte. Y bajo cuyo imperio, uniendo astutamente los puntos y en atención a la conveniencia del caso, cualquier funcionario judicial estaría unido de manera comprometedora a cualquier otra persona. Incluso Kevin Bacon.