A diferencia de los clubes exclusivos para caballeros del modelo inglés, o de los clubes con fuerte raíz política, como el "de Santiago" (Chile), fundado por Domingo Sarmiento en 1852, la entidad local puso el acento en lo social y le dio un explícito lugar a la mujer en el Acta de Instalación y, en el plano efectivo, a través de bailes, tertulias y tareas de ayuda a personas con necesidades, mediante la confección de prendas y objetos que se rifaban de modo periódico para recaudar fondos que se aplicaban a la ayuda social. Ese fue el origen de la Sociedad de Beneficencia y el Hospital de Caridad (luego, Cullen); y, lo será, andando el tiempo, del Patronato de Leprosos. Tales características, diferenciadoras para su tiempo, no ocultaban el hecho de que fuera, principalmente, un club de hombres. Pero la promoción del diálogo entre personas de distintos pensamientos, su apertura, en consonancia con el Preámbulo de la Constitución, a emprendedores extranjeros -fueron presidentes, los colonizadores Carlos Beck, fundador de San Carlos; y Ricardo Foster, iniciador de San Jerónimo Norte-, son muestras de un espíritu abierto que, más allá de los inevitables conflictos de intereses, establecieron un piso de convivencia más alto que en las décadas precedentes.