Más allá de estas dificultades, la trascendencia de las emociones no está en duda en la cultura actual. Entre los valiosos estudios existentes, cabe detenerse en el análisis de la ira que efectúa Martha Nussbaum ("La ira y el perdón", 2014), a fin de relacionarlo con aquel figurativo político irascible. La ira casi siempre es perjudicial, sostiene la filósofa, pero puede excepcionalmente ser valiosa cuando se trata de la "ira de transición", aquella indignación que no tiene deseo retributivo, es decir, no hay búsqueda de venganza por el daño padecido. Se exclama: "¡Esto es indignante! No debe volver a suceder", a causa de un sistema injusto, volcando el enojo para un trabajo constructivo a futuro. La considera una "ira noble" por la trascendencia para pensarla en torno a las instituciones políticas. Nussbaum la ejemplifica en la secuencia de emociones que tuvo el discurso "Tengo un sueño" de Martin Luther King.