"Cualquier acto de aventurismo militar solo empujará a la región a un abismo de imprevisibilidad", advirtió Fu Cong, representante permanente de China ante la ONU, al criticar la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán en enero de 2026.
La tensión entre Washington y Teherán crece mientras las negociaciones nucleares en Omán intentan evitar un conflicto que podría alterar el equilibrio global.

"Cualquier acto de aventurismo militar solo empujará a la región a un abismo de imprevisibilidad", advirtió Fu Cong, representante permanente de China ante la ONU, al criticar la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán en enero de 2026.
Esta declaración resalta la preocupación global por una crisis que no solo amenaza la estabilidad regional, sino que redefine el equilibrio de poder mundial, con el programa nuclear iraní como epicentro.
Las negociaciones indirectas en Omán, mediadas por ese país, se centraron en el enriquecimiento de uranio: Irán ofreció garantías de uso pacífico a cambio de alivio de sanciones, mientras Estados Unidos exige su cese total.
Esta dinámica expone intereses profundos: para Washington, contener la influencia iraní, prevenir la proliferación nuclear y respaldar aliados como Israel y Arabia Saudita, protegiendo rutas energéticas clave como el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo global.
Para Irán, afirmar su soberanía tecnológica y económica, rechazando dominación externa y usando su programa atómico como herramienta de disuasión y avances en agricultura y salud. El riesgo nuclear es el más alarmante. Irán, firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1968, enfrenta acusaciones de violar sus obligaciones al enriquecer uranio más allá de niveles civiles.
El TNP, ratificado por 191 estados, prohíbe la adquisición de armas nucleares a los no poseedores, permitiendo únicamente usos pacíficos bajo estricta vigilancia de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Según el SIPRI Yearbook 2025, y sus actualizaciones de 2026, hoy nueve países poseen arsenales nucleares: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido (reconocidos como potencias nucleares por el TNP); India y Pakistán (fuera del tratado); Israel (no declarado oficialmente, con estimaciones de entre 80 y 90 ojivas); y Corea del Norte (que se retiró del TNP en 2003).
Irán no posee armas nucleares confirmadas, pero su reactivación parcial y la reconstrucción lenta de instalaciones nucleares tras los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos en junio de 2025 elevan el fantasma de una "bomba iraní", posiblemente con ayuda encubierta de Rusia, China o Corea del Norte.
ía desencadenar una carrera armamentística regional, con Arabia Saudita y Turquía considerando opciones nucleares propias. Las posturas son intransigentes. Bajo el liderazgo de Trump, Estados Unidos aplica diplomacia coercitiva: sanciones a entidades iraníes petroleras, aranceles a importadores y despliegue del USS Abraham Lincoln en el Golfo como "advertencia".
Trump califica las negociaciones como muy buenas, pero insiste en "nada de armas nucleares", amenazando con ataques si Irán reprime protestas o rechaza acuerdos. Irán minimiza el despliegue como "no intimidante" y afirma estar listo para la guerra, priorizando la diplomacia.
El ministro Abbas Araqchi rechaza ceder en misiles o apoyo a proxies como Hezbolá y hutíes, llamando al programa nuclear "derecho inalienable". Israel interviene: Netanyahu se reunirá con Trump para presionar restricciones, temiendo un Irán nuclear. Esta confrontación altera el tablero geopolítico.
En Oriente Medio, fortalece el eje Estados Unidos-Israel-Arabia Saudita, contrarrestado por el "eje de resistencia" iraní con Rusia y China, que podrían proveer tecnología nuclear.
Militarmente, Estados Unidos opera vía Comando Central y alianzas bilaterales; la OTAN vigila impactos en Europa, especialmente energéticos. Irán amenaza bases en Qatar, Bahréin y Kuwait, pudiendo cerrar Ormuz y afectar economías globales.
Sistémicamente, erosiona el orden internacional basado en la ONU. El Consejo de Seguridad de la ONU emitió la Resolución N° 2231 en 2015, que dio respaldo legal internacional al JCPOA (el acuerdo nuclear con Irán). Sin embargo, Estados Unidos abandonó unilateralmente ese acuerdo en 2018 durante la administración Trump y reimpuso sanciones severas, socavando el marco multilateral.
La AIEA enfrenta crecientes dificultades para realizar inspecciones en Irán, lo que pone en evidencia las debilidades de los mecanismos multilaterales frente al unilateralismo. Rusia y China, haciendo uso de su derecho de veto en el Consejo de Seguridad, han bloqueado repetidamente medidas más duras contra Teherán, ilustrando las profundas divisiones post Guerra Fría en el sistema internacional.
Esta crisis acelera la multipolaridad, con riesgos nucleares que podrían enredar potencias. Sin compromiso, el mundo enfrenta inestabilidad prolongada, donde tratados como el TNP se erosionan y alianzas se realinean, priorizando realpolitik sobre multilateralismo. La diplomacia omaní ofrece una ventana frágil, pero los despliegues y la retórica belicosa indican un umbral bajo para conflicto.
Esto resalta lo vetusto del sistema internacional actual, anclado en la ONU y organizaciones como la AIEA, que resultan insuficientes para controlar amenazas a la seguridad en un mundo multipolar fragmentado, donde vetos e intereses nacionales priman sobre la cooperación colectiva.
Como advirtió el analista geopolítico George Friedman en su análisis del 9 de febrero de 2026 en Geopolitical Futures, "Geopolíticamente, Irán no debería ser un problema fundamental para Estados Unidos, pero la insistencia en convertirlo en uno podría arrastrar a Washington a un compromiso interminable que debilite su posición global".
El autor es profesor de Ciencia Política, analista internacional, especialista en Defensa y Seguridad.




