I - La relación del periodismo con el gobierno de turno siempre ha sido conflictiva y hay cultores extremos que conviven en un mismo espacio: desde los críticos hasta los lisonjeros. En algunos casos son patéticos y en otros se los puede soportar.
El periodismo ha enfrentado siempre diversos desafíos al cubrir la política, con tensiones crecientes y la influencia de intereses económicos que complican la objetividad. Ana enfrentó al poder en una época de fuerte represión, corriendo riesgos por su compromiso con la verdad y la libertad de prensa en Argentina.

I - La relación del periodismo con el gobierno de turno siempre ha sido conflictiva y hay cultores extremos que conviven en un mismo espacio: desde los críticos hasta los lisonjeros. En algunos casos son patéticos y en otros se los puede soportar.
Para permanecer en el aire se requiere de seguidores ideologizados -esos que no pierden tiempo en elaborar un pensamiento propio- y de sponsors, lo que los hace ingresar en el segmento de los "ensobrados".
Esta situación se incrementa en forma alarmante ya que siempre los hubo, pero ahora dominan la escena (claro que no son todos así). A veces es tan tensa la relación que, en los últimos tiempos, se llegó a cerrar la sala de la Casa Rosada.
En estos días de mayo, cuando se conmemora el nacimiento de la Patria, recordamos que el ideal morenista se plasmó en La Gazeta para difundir la tarea del gobierno en tiempos fundacionales. Esos principios se continuaron en la sagrada tarea de llevar al lector lo que ocurre con la mayor objetividad.
Todo cambió y este oficio también; entre los intereses, el intercambio de favores -un eufemismo- y hasta la necesidad del lector que solo quiere leer o escuchar lo que quiere ver, hace que el espacio de la certeza de la crónica sea apenas un resquicio, una delgada zona entre el quicio (lo que pasó) y la puerta (lo que se dice que pasó).
II - La tirantez entre el periodismo y el gobierno tuvo momentos épicos. En los últimos meses, quien era vocero tuvo varios cruces que podemos resumir en aquello de "apenas un periodista".
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en sus ocho años de gobierno, gastó muchísima energía contra los periodistas del diario Clarín, siendo que su difunto marido se reunió en varias oportunidades con Héctor Magnetto y hasta le ofreció negocios fuera del periodismo.
Pero a lo que nos referimos ahora fue a un hecho que ha quedado en la memoria -de pocos- y que deparó una verdadera crisis: cuando Ana María Guzzetti le preguntó al presidente Juan Domingo Perón por la Triple A. Ana fue la periodista que enfrentó e hizo enfurecer a Perón.
Y terminó perseguida por la Triple A, la organización parapolicial criminal impulsada por el propio Poder Ejecutivo y dirigida por el ministro de Bienestar Social, José López Rega, ya fallecido, pero beneficiado por haberse "marchado" de este mundo prácticamente impune, sin que se recuerden marchas reclamando justicia (*).
III - Había pasado apenas cuatro meses desde su asunción a la tercera presidencia y su salud ya había mostrado signos de fragilidad. Aquel verano resultaba particularmente caliente: el 19 de enero, un nutrido contingente guerrillero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) atacaba una unidad militar en la localidad bonaerense de Azul.
Una semana después, con impulso de la Casa Rosada, era desplazado el gobernador Oscar Bidegain, vinculado a la izquierda peronista, y su lugar era ocupado por el vice, Victorio Calabró, ubicado lejos de la izquierda.
Como demostración del giro que tomaba su gobierno, Perón ya no hablaba de la Juventud Maravillosa y mandó un proyecto de ley para reformar el Código Penal.
Antes de que entrara al recinto, Perón citó a los once diputados de "la Tendencia" para advertirles que cumplieran la disciplina partidaria o se fueran: renunciaron ocho de esos legisladores que de inmediato fueron expulsados del Partido Justicialista. Bombas y asesinatos contra locales y militantes del sector juvenil revolucionario fueron una vuelta más de rosca a la escalada de violencia.
El viernes 8 de febrero de 1974 Juan Domingo Perón convocó a una conferencia de prensa en la Quinta de Olivos. A poco de empezar, una periodista rubia, muy flaca, de pelo corto y anteojos de marco ancho, levantó la mano. El jefe de Prensa, tal era su función, le dio la palabra:
- Soy Ana Guzzetti, de El Mundo. Señor Presidente: cuando usted tuvo la primera conferencia de prensa con nosotros, yo le pregunté qué medidas iba a tomar para parar la escalada de atentados fascistas que sufrían los militantes populares. A partir de los hechos por todos conocidos, de Azul, y después de su mensaje llamando a defender al gobierno, esa escalada fascista se amplió mucho más.
En el término de dos semanas hubo exactamente veinticinco unidades básicas voladas, que no pertenecen precisamente a la ultraizquierda, hubo doce militantes muertos y ayer se descubrió el asesinato de un fotógrafo. Evidentemente, todo esto está hecho por grupos parapoliciales de ultraderecha.
El viejo líder la miró fijamente por unos instantes que debieron ser una eternidad. Luego le dijo:
- ¿Usted se hace responsable de lo que dice? Eso de parapoliciales lo tiene que probar.
Después, Perón miró a sus colaboradores, parados a un costado y agregó, cortante: "Tomen los datos necesarios para que el Ministerio de Justicia inicie una causa contra esta señorita". Apenas dicho eso, miró a los cronistas y acotó: "Las medidas que se están tomando son asuntos policiales que están provocados por la ultraizquierda y la ultraderecha (...)".
Antes de seguir volvió la mirada hacia Guzzetti y completó: "(...) La ultraizquierda, que son ustedes, y la ultraderecha, que son los otros. De manera que arréglense entre ustedes. La policía procederá y la justicia también". Entonces Ana alcanzó a decirle: "Discúlpeme General, yo soy peronista".
IV - El diario El Mundo había aparecido en agosto de 1973 y contaba con un grupo de buenos periodistas profesionales. Pero era un secreto a voces que los dueños reales eran el PRT-ERP, la organización que había atacado el Regimiento 10 de Caballería Blindada y el Grupo de Artillería Blindada 1 de Azul tres semanas antes, cuando murieron el jefe de la guarnición, su esposa, un soldado, un guerrillero y otros dos fueron detenidos desaparecidos.
La periodista tenía 30 años, experiencia profesional probada y no era del ERP. Sin embargo, Perón la situó en "la ultraizquierda" por la pregunta y, quizás también, porque sabía bien quiénes eran los financistas de El Mundo.
"Le aclaro que soy militante del movimiento peronista desde hace trece años", espetó Guzzetti, a la vez que agregó hasta el número de carné partidario. "Hombre, lo disimula muy bien", fue la respuesta del presidente.
V - Es una historia escabrosa. El 30 de enero de aquel 1974, la denominada Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) había enviado a los medios de prensa su primera lista de condenados a muerte.
Allí figuraban los coroneles retirados César Perlinger y Juan Jaime Cesio; el obispo de La Rioja, Enrique Angelelli; el senador Luis Canevali (Frejuli, Córdoba); el diputado Raúl Bajczman (sumado al bloque peronista, Capital); los dirigentes trotskistas Homero Rómulo Cristali Frasnelli (alias J. Posadas, PORS) y Hugo Miguel Bressano (Nahuel Moreno, PST).
También los abogados Silvio Frondizi, Mario Hernández y Gustavo Rocca; así como los jefes guerrilleros Mario Santucho (PRT) y Roberto Quieto (Montoneros); los gremialistas Agustín Tosco, Raimundo Ongaro, René Salamanca y Armando Jaime; Ernesto Giúdice, dirigente del PC; Miguel Bonasso y Manuel Gaggero, directores de los diarios Noticias y El Mundo, respectivamente; Rodolfo Puigrós, ex rector de la UBA, y el ex subjefe de la policía bonaerense Julio Troxler.
Los creadores de la Triple A eran el mismísimo José López Rega y dos altos oficiales de la Policía Federal, Rodolfo Almirón y Juan Ramón Morales. El comunicado era bastante sencillo: "Los mencionados serán ajusticiados en el lugar donde se encuentren". Se desató un tiempo de denuncias: parecía cada vez más claro que los impulsores de la Alianza Anticomunista Argentina eran "Lopecito" (como le decía Perón) y los federales Almirón y Morales.
La irrupción pública en un escenario de violencia de la Triple A había ocurrido un mes antes, cuando sucedió el episodio de la bomba en el Renault 6 del senador radical Hipólito Solari Yrigoyen en la cochera. Solari se salvó de milagro, pero quedó con heridas muy graves.
El grupo reapareció a mediados de enero, con cartas a los legisladores sugiriendo que votaran la reforma al código penal. Caso contrario, decían, "les podría pasar lo que a Solari Yrigoyen".
VI - En la redacción de El Mundo, sobre calle Sarmiento, todos comentaban que las palabras de Perón constituían un ataque a la libertad de prensa; los del equipo de seguridad se mantuvieron alertas esperando la presencia de patrulleros o patotas de civil.
Los responsables de El Mundo pidieron a los abogados del diario que presentaran un recurso de amparo y solicitaron una reunión urgente con Emilio Abras, el secretario de Prensa de la Presidencia. Abras todavía no había contestado cuando Benito Urteaga, de la dirección del PRT-ERP, transmitió su desazón a los directivos del diario:
"Se están cerrando los caminos legales y no podemos exponer a los compañeros a que sean blanco móvil de la represión".
Agregaba que los miembros del ERP no podían empeñarse en dar custodias a sindicatos o locales políticos y que la autodefensa de los mismos trabajadores frente a las bandas armadas con fusiles y metralletas era bastante inútil.
Se presentaban serios inconvenientes para equilibrar las cuentas del diario: en los meses que llevaba, la única publicidad privada importante que llegó fue una de Bonafide, pero después del primer aviso los llamaron de la agencia para suspenderla. YPF había sacado una página para el Día del Petróleo: esa fue la única del Estado.
Tenían muchos problemas de seguridad: una patota de civil había intentado asaltar las oficinas del diario y los que las cuidaban cerraron todo y se resistieron a tiros. La imprenta había tenido dos atentados.
Además, los distribuidores de diarios los tiraban, y ellos mismos tenían que ir a recorrer los kioscos para que lo exhibieran. El Mundo estaba en crisis y el PRT-ERP lejos de retroceder en la violencia consideraba mejor aumentarla.
VII - El 29 de septiembre de 1973, cuando el abogado entrerriano Manuel Gaggero era todavía subdirector del diario, colocaron un artefacto de alto poder explosivo en su casa de la ciudad de Paraná, destruyendo el dormitorio en el que presumían los agresores que se encontraba junto a su compañera y a sus tres hijos.
La vivienda quedó seriamente afectada, tanto que debió ser apuntalada por los bomberos. Gobernaba la provincia Tomás Cresto, quien se negó a recibirlo cuando solicitó una audiencia para pedirle que se investigara el atentado. A pesar de lo sucedido, tres meses después Gaggero se hizo cargo de la dirección del diario.
Las oficinas donde se creaba El Mundo sufrieron varios atentados con explosivos y un intento de copamiento por parte de una columna de la Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA), que tenía el apoyo del Ministerio de Bienestar Social, a cargo de José López Rega, sin que se produjeran víctimas. Todo discurría con "normalidad", sin investigación alguna.
VIII - Un día Emilio Abras, el secretario de Prensa de Perón, llamó a Gaggero para darle una cita en Presidencia luego de los insistentes pedidos. El periodista fue acompañado por Ana Guzzetti. El anfitrión fue amable y quitó toda trascendencia al incidente, hasta lo calificó de "entredichos". Pero el visitante insistía por el avance de los grupos fascistas.
No era una mera declaración, el 27 de febrero de 1974 la policía de Córdoba había dado un golpe de Estado y desalojó de la casa de gobierno al gobernador Ricardo Obregón Cano y al vice Atilio López.
Sabemos cómo siguió todo: Isabel, a cargo del Ejecutivo, intervino la provincia por un decreto y nombró al brigadier Raúl Lacabanne, hombre de confianza de López Rega, y el 16 de septiembre de 1974 Atilio López fue asesinado.
Redoblando la apuesta Abrás le ofreció a Gaggero que junto a Jacobo Timerman, le hagan una entrevista a fondo al mismo presidente que se emitiría por Canal 7. Los visitantes salieron de la presidencia y caminaban por Hipólito Yrigoyen con un sentimiento contradictorio; algo no les cerraba.
Apenas si pasaron unos días y el 14 de marzo de 1974, Ariel Delgado desde Radio Colonia decía que: "A primeras horas de la mañana de hoy se conoció el decreto por el cual el gobierno dispuso la clausura del diario El Mundo".
Ese mismo día se conocía también que la petrolera Esso le había pagado al ERP 14,2 millones de dólares por el rescate del empresario Víctor Samuelson, secuestrado por la organización que financiaba El Mundo. El decreto 811 argumentaba la lucha contra las "organizaciones ilícitas".
Solo algunos momentos después varios carros de asalto con muchos hombres llegaron a la redacción. Nadie estaba dispuesto a cambiar de rumbo: pocos días luego salió Respuesta Popular, con el mismo staff de El Mundo.
Menos demoró en conocerse otro decreto de la presidencia con la misma línea pero más argumentos por el cual se prohibía El Mundo, Respuesta Popular y por las dudas, cualquier otro que pretendiera reemplazarlo.
IX - La denuncia de Perón contra la periodista se había presentado un par de días después contra Guzzetti llegó a un juzgado donde su titular dispuso el allanamiento de la redacción el 14 de marzo, además de "demorar" a Guzzetti y 16 periodistas más.
Tiempo después intentaron secuestrarla, pero logró zafar del trance. Luego se instaló en Río Ceballos y se puso al hombro la investigación periodística sobre el asesinato del ex senador radical Regino Maders, que aún sigue impune.
El peronismo de los noventa le creó una corresponsalía en Trenque Lauquen, un lugar tranquilo donde por lo general nunca pasaba nada, aunque ella organizaría en esa ciudad la primera marcha por el asesinato de José Luis Cabezas. Fue un reconocimiento a quien había sido castigada por preguntar de modo directo e insolente.
Siempre sintió orgullo por aquella pregunta que mostró al rey desnudo y logró instalar en el centro de la escena lo que todos sabían, pero callaban. Ana María Guzzetti, la periodista que le hizo frente a Perón, murió en Trenque Lauquen el 26 de mayo de 2012. Tenía 68 años.
(*) José López Rega murió el 9 de junio de 1989, a los 72 años, mientras cumplía prisión preventiva a la espera de su condena.




