Que la coherencia, en todos los órdenes de la vida, es un valor, no hay discusión posible. Pero particularmente en el ámbito diplomático, en lo que concierne a la política exterior de un país, se constituye en un valor sine qua non, en un presupuesto ineludible de toda acción. Ser coherente significa que ese país otorga credibilidad, previsibilidad, genera confianza.



































