¡Poderoso Caballero es Don Siete! (*) Y le gusta figurar. Roba prensa a diestra y siniestra. Todos se ocupan de él, psicólogos, astrólogos, historiadores, budistas, católicos, tibetanos, musulmanes, yogui y yoguini, filósofos.
El número siete permea culturas y religiones, desde los días de la semana hasta los colores del arco iris, siendo un símbolo de perfección y misterio universal.

¡Poderoso Caballero es Don Siete! (*) Y le gusta figurar. Roba prensa a diestra y siniestra. Todos se ocupan de él, psicólogos, astrólogos, historiadores, budistas, católicos, tibetanos, musulmanes, yogui y yoguini, filósofos.
Los escritores lo buscan y parece que los ayudara a llegar a la fama: Alfonso el Sabio (1221-1284) escribió y organizó poner por escrito, un cuerpo normativo redactado en Castilla, donde habla hasta de los modales en la mesa.
Dante Alighieri, en su magna obra, tampoco se olvida de él; Blancanieves y los siete enanitos, en la versión recogida por los hermanos Grimm; los Siete Reinos en "Juego de Tronos", la historia creada por George R.R. Martin, y hasta J.K. Rowling, la autora de "Harry Potter", también eligió ese número para los siete horrocruxes de lord Voldemort.
De seguir hurgando, uno se tropieza con que el siete también ha sido elegido para entretenimientos, como ser Genshin Impact, videojuego con sus personajes esenciales, Los Siete Arcontes.
Pero el siete va aún más lejos: siete son los días de la semana; siete los colores del arco iris; existen siete tipos de virus -de acuerdo a la clasificación del biólogo David Baltimore- y hay siete tipos de heces, según la escala de los doctores Stephen Lewis y Ken Heaton.
Y si le preguntamos a Wikipedia, nos recuerda que "el 7 es el número natural que sigue al 6 y precede al 8, el único número primo que precede a un cubo". Pero sigamos con la cuenta...
Son siete las colinas de Roma; siete los pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza) y siete las virtudes necesarias para oponerse a esos pecados (humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia).
Son siete los brazos de la Menorá, la lámpara o candelabro sagrado que simboliza la luz divina, la sabiduría y los siete días de la creación según la tradición judía. Siete son los sacramentos (bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, matrimonio y orden sacerdotal), y siete los cielos o los niveles del islam.
Siete son las cabezas de la bestia del Libro de las Revelaciones. Y los israelitas necesitaron dar siete vueltas alrededor de Jericó, para que al séptimo día sus muros cayesen. Podríamos continuar, pues la lista es interminable. Leonardo da Vinci, por ejemplo, decía: "En los números se encuentra la explicación a todos los misterios".
Y para Pitágoras, el 7 era "el número perfecto"; mientras que para Hipócrates, "el número 7, por sus virtudes ocultas, es el que tiende a realizar todas las cosas; es el dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la Luna cambia de fase cada siete días: este número influye en todos los seres sublimes".
Incluso la suma del tres y el cuatro, son las vías en la educación clásica y medieval, en busca de alcanzar la perfección. El Trivium y el Quadrivium son los dos ciclos de las siete artes liberales que integraban el saber necesario para formar, educar y que el ser humano fuera feliz y libre.
Solo a través de conocimiento el hombre tenía posibilidad de ser libre! ¡Nada de tiempos oscuros en esa sabiduría medieval! (**) Hay un artículo muy interesante publicado en "Didáctica. Lengua y literatura", de Eduardo Tejero Robledo (aparece completo en Revistas Científicas Complutenses).
En él analiza la carga cósmica, mágica, sagrada, del número siete. Y todo esto para dar pie a la historia de los "Siete Durmientes de Éfeso". Éfeso, en la maravillosa Anatolia turca, es una de las ciudades grecorromanas mejor conservadas del mundo.
Los turistas viajan a ella para conocer la soberbia Biblioteca de Celso, también lo que queda del Templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo, del que el poeta griego Antípatro de Sidón exclamó al contemplarlo que las pirámides parecían pequeñas y deslucidas en comparación.
También el Gran Teatro, iniciado en la época helenística, obra maestra de la ingeniería, con capacidad para 25.000 espectadores. Y fue en medio de esas maravillas, que una lejana monja alemana, Ana Catalina Emmerich (1774-1824), sin haber visitado jamás Turquía, dio las señales exactas para ubicar la casa donde vivió y murió la Virgen María.
Lamentablemente, no todos los guías les informan a los visitantes que otro acontecimiento increíble sucedió allí: el caso de "Los Siete Durmientes de Éfeso". ¿Leyenda medieval, suceso histórico, milagro de fe? ¿Qué ocurrió realmente para que, tanto en las tradiciones islámicas como cristianas, se hable de lo acontecido?
La versión occidental más conocida de esta historia, aparece en la leyenda áurea de Santiago de la Vorágine (1259-1266). En la diversidad de idiomas y religiones que toman este hecho, surge como cierto que durante el reinado de Decio (249-251 d.C.), este exigió que se le rindiera culto a él y a sus dioses preferidos.
Estando en Éfeso, conminó a la población realizar sacrificios a los dioses paganos. La desobediencia sería pagada con la muerte. Muchos ya eran cristianos, pero cumplieron con la orden del emperador. Solo siete amigos, siete jóvenes nobles y de buena posición económica, mantuvieron su fe y desobedecieron. Entonces Decio les dio solo un día para que abjuraran de sus creencias cristianas.
Todos ellos repartieron sus riquezas, se quedaron con algunas monedas de oro y huyeron buscando esconderse en la ladera noreste del Monte Pion (actualmente conocido como Panayır Dağı). Encontraron una cueva y allí se refugiaron, esperando que el emperador romano se olvidase de ellos. Decio mandó que se los trajesen y al no encontrarlos ofreció una recompensa al que le dijese dónde estaban ocultos.
Allá fueron los hombres de Decio a buscarlos. Y el emperador con ellos. Los muchachos estaban durmiendo y Decio exclamó: "¡¿Prefirieron venir a dormir a obedecer a su emperador?! ¡Pues que se queden allí durmiendo para siempre!" Y entonces ordenó tapiar la cueva con inmensas rocas.
Cuando Decio abandonó Éfeso alguien se atrevió a grabar en el exterior de la caverna la historia de lo sucedido y agregó los nombres de los mártires. Según Simón Metafraste los nombres eran Maximiliano, Iámblico, Martín, Juan, Dionisio, Exacustodio y Antonino, pero para Gregorio de Tours no, son otros: Aquílides, Diomedes, Diógeno, Probato, Estéfano, Sambato y Quiriaco.
Pasaron los años, pasaron los siglos y Teodosio I el Grande, emperador del Imperio Romano de Oriente y Occidente, decretó que el cristianismo niceno fuese la única religión oficial del Imperio, denominando "cristianos católicos" a sus seguidores.
En tiempos de Teodosio II (408-450), un hacendado, necesitando aumentar sus establos, ordenó retirar las piedras que cerraban el ingreso a la cueva para poder usarla. Con el ruido y la luz, los jóvenes despertaron. ¡No habían sufrido ni hambre, ni sed ni frío!
Le pidieron a uno de ellos, a Maximiliano, que fuese hasta Éfeso a comprar comida antes de entregarse a Decio para ser ejecutados. Maximiliano no logró comprender por qué había cruces a la vista, pero cuando pagó los alimentos con una moneda de oro acuñada en tiempos de Decio, le preguntaron dónde la obtuvo.
Entre explicaciones de una y otra parte (también muy extraño, luego de trescientos años, no hubo impedimentos lingüísticos) el muchacho explica lo sucedido. Enterados el prefecto y el obispo, van hasta la cueva donde están los otros seis. Ven la inscripción hecha centurias atrás y ya no cabe dudas. ¡Hay que mandar a buscar a Teodosio II!
Cunde el regocijo general. Los sobrevivientes son la prueba definitiva de la resurrección después de la muerte. Brindan más detalles y transidos todos de profunda alegría, escuchan que cada uno de ellos, mientras pronuncia alabanzas al Señor, cae muerto.
El emperador quiso construirles tumbas lujosas, donde el oro no debería faltar, pero en un sueño los jóvenes se le aparecieron y lo hicieron cambiar de idea. Le manifestaron que deseaban ser sepultados en la cueva. Los Siete Durmientes fueron canonizados por la Iglesia Católica y la Ortodoxa. La Iglesia Católica Apostólica Romana conmemora a los Santos Siete Durmientes de Éfeso el 27 de julio.
Según el Martirologio Romano, se recuerda a Constantino, Dionisio, Juan, Malco, Martiniano, Maximiano y Serapión, quienes se refugiaron en una cueva durante la persecución del emperador Decio y en distintas fechas en el ortodoxo y también en el Islam.
(*) "Poderoso Caballero es Don Dinero". Letrilla Satírica de Francisco de Quevedo (1580-1645).
(**) La grande clarté du Moyen Âge ("La gran claridad de la Edad Media") de Gustave Cohen.




