En una charla hace algunos años, Usted por entonces recorría el país para saber qué se podía hacer con Sergio Massa, en el Hotel Ariston de Rosario charló conmigo, dentro de un grupo de peronistas y periodistas. Recuerdo haber preguntado qué pensaba de los Fondos Coparticipables, esa Ley que se propuso en la Convención Constituyente del 1994 y que Usted sonrió y me dijo que tenía una cláusula que la hacía de imposible final, de imposible cumplimiento, porque exigía el acuerdo de los cuerpos legislativos de todas las provincias. Recuerdo que discurrimos sobre el “Acuerdo Cafiero/Alfonsín” que desarticuló, diferenció, quitó dineros a la Provincia País y que aquello de Eduardo Duhalde, me refiero a los dos millones de dólares diarios que la Nación giraba a la provincia, señalaba varias cosas, que se reconocía el desfasaje, que se le daba una entidad económica, pero que no arreglaba un problema de fondo: el reparto de los dineros coparticipables. Discurrimos, en aquel momento, sobre el ejercicio, claramente injusto, de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y alguien dijo “una herramienta para aplacar fieras”, acallar quejas y desequilibrar, según amores, a gobernadores e intendentes. Al interior. Usted sonrió.