Relatos de lectores exploran -entre otros temas- el impacto de las decisiones políticas y el papel crucial de los medios en la defensa de la transparencia y la ética.

La prensa es la verdadera defensora de la moral republicana. El señor Manuel Adorni dejó su cargo de Jefe de Gabinete, defendió su honestidad y justificó su renuncia porque no podía soportar la "carnicería mediática" del periodismo contra él y su familia.
Reafirmó sus palabras la señora Karina Milei y públicamente agradeció su desempeño por defender las ideas de libertad como una persona íntegra y valiosa, lamentando su sufrimiento por los inmerecidos ataques de los medios del que fue víctima.
Inútiles estos halagos de la hermana del presidente porque la sociedad sabe de sobra cómo actuó el exministro en los últimos meses y cómo recién, cuando se hizo público su proceder por la investigación de la prensa y la justicia, accedió a revelar su verdadero patrimonio.
Con una su explicación que solo sirvió para aumentar la desconfianza de propios y ajenos. Al mal proceder de Adorni se suma por desgracia un gobierno que por defenderlo olvidó su obligación de dar ejemplo que privilegia los valores éticos por encima de cualquier nombre y aún hoy sigue avalando su conducta.
De todo esto surge una conclusión alarmante. Con su elogio al renunciado ministro la Secretaria General de la presidencia y principal consejera de su hermano confirmó que desprecia a los medios serios y responsables cuando investigan y denuncian la falta de transparencia en la gestión de sus funcionarios, cumpliendo con responsabilidad mantener informada a la sociedad, tal como garantiza la plena libertad de expresar ideas la Constitución Nacional.
En lo que a mí respecta, celebro que a pesar de los continuos menoscabos desde el poder tengamos una prensa independiente que, por omisión de los que deberían serlo y no lo hacen, se ha convertido en la verdadera defensora de la moral republicana.
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Se dijeron muchas cosas. Todas, fundadas en supuestos porque Ernestina Pais ya no está para aclarar qué la impulsó a cruzar las vías del Tren de la Costa sin los recaudos debidos. Algunos sostuvieron que un impulso incontenible la llevó a anticiparse a dos vagones arteros.
Sin embargo, un video la mostró conduciendo de manera calma, casi displicente. Había barrera baja y luces y bocinas emanadas del convoy en marcha. Pero, por desgracia, no vio ni escuchó. En ese fatídico instante, no se mostró empeñada en librar una carrera sorpresiva y en ganarla.
Quizás, signos de una adicción que parecía estar controlada reaparecieron y la obnubilaron por completo. Misterio. Explicación que no remedia. Estaba atravesando un gran momento artístico. Incluso, para corroborarlo y en consonancia con esa dicha, acababa de escribir la frase: "Gracias, vida". Lamentablemente, la vida no la leyó.
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Sabido es que las mascotas, de acuerdo a la raza, tamaño y adaptación según su hábitat, suelen elegirse no solo como animales de compañía sino para una opción más de defensa y cuidado del hogar, de nuestra vida misma. Toda persona que ama a los animales -entre las que me incluyo- asume el compromiso de devolver la lealtad del animal con un buen cuidado, adecuada alimentación y afecto.
Quienes hemos crecido conociendo el valor y compartiendo alegrías y tristezas ante la enfermedad o partida de una mascota, solemos reincidir en que otra ocupe su lugar en nuestro hogar. Si el espacio exterior lo permite hasta los sepultamos, incluso cuando niños, colocándoles una pequeña cruz junto a una flor.
Ahora bien, sucede que en las mal llamadas zonas "de casaquintas", o casas de fin de semana, la costumbre de tener más de un perro se ha vuelto muchas veces una molestia para quienes no los tienen, o aprecian la compañía de mascotas en menor medida. Si hay desatención, a la que los pobres canes están expuestos porque sus dueños están ausentes muchos días (cualquiera fuera el motivo).
Algunos de esos perros presentan signos de desnutrición y aseo. Son seres de dos manos y dos patas que necesitan urgente contención y dedicación. Ante esa ausencia y sus lógicas consecuencias, el animal intenta –absolutamente deprimido- pedir ayuda a su modo. Lo hace con ladridos que son constantes y preocupantes, a cualquier hora y por cualquier motivo.
Se sabe que existen reglas de convivencia entre vecinos y que estas incluyen la no presencia de ruidos molestos. El diálogo en primera instancia, al que acude quien debe soportar esos ruidos, da lugar al reclamo insistente por parte del vecino afectado, que muchas veces no encuentra una respuesta positiva de la otra parte, el dueño del animal.
Por años, quizás entre los vecinos se logró una relación amena y con buen trato, intercambio de favores y hasta proyectos que beneficiaron a ambas partes. Pero, ante situaciones como las descriptas, ese clima de "solidaridad y empatía" vivido se tensa y la relación se rompe. Y el can sigue sufriendo.
Él no sabe quizás, porque no fue educado o adiestrado para ello desde temprana edad, que el vecino necesita por momentos un merecido descanso.
Su presencia debe ser notoria ante cualquier presencia extraña o signo de delincuencia. Incluso, a modo de defensa ante el ataque de un ejemplar similar, hacia quien está convencido que debe ladrar porque existe un motivo, o porque es propio de su naturaleza emitir ladridos para que otros perros de la cuadra, o la manzana lo sigan y acompañen en dicha tarea.
Eso es lo que vale. No el ladrido por desatención y abandono. Para los casos de perros que "ladran por cualquier motivo", no toma demasiado tiempo consultar con un veterinario, o acceder -como se ha generalizado- a Google, para consultar los variados recursos "no violentos" que pueden servir si uno quiere apaciguarlos o intenta afrontar esta situación.
En tal sentido, existe una demostración de afecto hacia el animal que presenta este síntoma: al instante que manifiesta su repetitivo acto de ladrar -estando incluso a nuestro lado y sin que medie motivo-, solo basta con pronunciar la palabra milagrosa: "Callate", en tono firme (en el idioma que más nos guste) y, acto seguido, acariciarlo. Algo parecido sucede con los hijos cuando son pequeños.
Ante una falta, les llamamos la atención, luego un beso o abrazo y le explicamos el porqué del reto. Pero no muchas personas lo hacen con sus mascotas. Finalmente, otra medida que debería intentarse, es la de colocar al frente de la casa o en los lados donde el animal ve pasar a otros o a una persona caminando, una tela a cierta altura, que supere su vista.





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