El documental acerca de la vida de Shimon Peres incluye episodios relevantes, que lo cuentan a él como protagonista decisivo. Se trata de un dirigente político que vivió más de noventa años, setenta de los cuales (y me quedo corto) estuvieron volcados a la actividad política. Nació en Polonia en 1923, llegó a Israel en 1934 y a partir de 1940, y de la mano de ese prócer de la nación judía que fue David Ben-Gurion, se comprometió con la causa israelí, un compromiso que incluyó la guerra y la paz en todas sus variaciones. Peres fue un protagonista decisivo de los años fundacionales de Israel y ese protagonismo se extendió hasta 2016, un período histórico que incluyó las más diversas alternativas. En ese escenario, Peres se destacó por su lucidez política, su talento, su astucia. Fue un político a tiempo completo. Fue “paloma” y “halcón”. Como todo político acertó y se equivocó muchas veces; conquistó amistades sólidas y enemigos implacables. No fue un santo -tampoco pretendió serlo- pero fue un político respetado por partidarios y rivales. Fue, para decirlo de una manera algo antigua pero certera, un hombre de honor, un político que amó a Israel, creyó con inspiración y coraje en la causa que defendió siempre.

































