Su imagen, sin embargo, terminó golpeada por la represión de los levantamientos en Rosario en el marco de la crisis de 2001 (y particularmente la muerte a manos policiales de Pocho Lepratti) y, sobre todo, por las responsabilidades en la inundación de 2003, con la irrupción del Salado a través de una obra de contención nunca terminada, y sus trágicas secuelas. Otra de las paradojas que signaron su gestión, si se toma en cuenta de que una de sus principales obras, junto a la recuperación del Puente Colgante, fue la construcción de las defensas contra el Paraná, donde su presencia activa en inundaciones anteriores, con su clásica campera inflable colorada, había contribuido sensiblemente a su consolidación. "A mí nadie me avisó", fue la frase en la que inútilmente intentó escudarse cuando el ataque vino por el otro lado.