A sus 99 años, Alberto Chab Tarab no habita el pasado: lo habita todo. Su día no comienza con el peso del siglo transcurrido, sino con el impulso del día que empieza. Se despierta entre las nueve y las diez de la mañana, se sienta en silencio a meditar, desayuna un tazón de yogur casero con frutas y frutos secos, y sale a buscar sus 6.000 pasos diarios. Si un día no alcanza la marca, se lo recrimina con la disciplina de un atleta. Después lee, atiende a sus pacientes, cocina para sus nietos y abre ChatGPT en la computadora para aprender algo nuevo.

































