En mayo del año pasado, poco después de declarada la pandemia por el nuevo coronavirus, se inició en el país un ensayo clínico para evaluar la efectividad del uso de plasma de pacientes recuperados en el tratamiento de personas enfermas de Covid-19. Fue en un momento en que no existían tratamientos específicos contra una afección prácticamente desconocida, ni vacunas; pero se contaba con el dato a favor de su aplicación en otras enfermedades como la Fiebre hemorrágica argentina y la Gripe H1N1.


































