La tarde en el centro santafesino suele tener ese ritmo cansino de los días laborales: motos circulando, cadetes que van y vienen con sobres, paquetes y trámites que nadie quiere hacer. En ese engranaje anónimo se movía Yanina, de 38 años, madre de tres chicos y tutora —por decisión judicial— de dos sobrinos que también dependen de ella. Cinco chicos y una sola adulta para sostener la casa.

































