Las cárceles del país son ollas a presión y el humor social intramuros durante la pandemia se hace sentir. Primero en Santa Fe, con los motines de Coronda y Las Flores; y el último fin de semana en Devoto, donde el violento reclamo de los internos terminó explotando en la prensa nacional. La paradoja es clara: mientras un gran sector de la sociedad se encuentra confinada en sus hogares, los presos piden salir a la calle, amparando su reclamo en el hacinamiento y los riesgos que representa para la salud un hipotético contagio por coronavirus.



































